Mensaje del Consejero Presidente Dr. Celso Valderrama Delgado, en el marco de la Sesión del Consejo Local Electoral del 7 de enero, con la que da inicio el Proceso Electoral Local Ordinario de 2017.


Con base en la Convocatoria emitida por el Honorable Congreso del Estado de Nayarit del día 15 de diciembre del año 2016, hoy inicia el Proceso Electoral Ordinario para la renovación de los poderes Ejecutivo y Legislativo y Ayuntamientos de la entidad.

Esta es la Elección del Centenario, es una elección diferente. Estamos en una nueva etapa en la historia de la calidad democrática de las elecciones en Nayarit. Nuestro Estado entrará a una época diferente en la historia de sus instituciones, misms que empezaron a redefinirse hace cien años, con el nacimiento de un nuevo integrante del Pacto Federal. La historia de las instituciones de Nayarit tiene en esta fecha, hoy siete de enero de 2017, un momento crucial.

Esta es la elección del Centenario. Esta es una elección en la que confluyen los esfuerzos institucionales que fusionan intereses de Sociedad y Gobierno. Organismos como el Instituto Nacional Electoral, como el Instituto Estatal Electoral, como la Fiscalía Especializada Para la Atención de Delitos Electorales, así como el Tribunal Electoral del Estado y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, conforman de manera conjunta una institución que no sólo es punto de partida, sino a la vez también un desafío a futuro: se trata de nuestra máxima institución, el sistema democrático.

Los organismos garantes de la legalidad, del respeto por la voluntad popular que se expresa en las urnas, tienen la alta responsabilidad de estar a la altura de un Estado que hace cien años se comprometió al diseño de instituciones democráticas.

Nuestra historia es sinuosa, no es lineal y ascendente, como habría sido deseable. No todos los actores de la sociedad confluyen en la voluntad democrática, por eso los altibajos, en ocasiones el retroceso y, en otras, la atonía de las instituciones. Una y otra vez, el esfuerzo tenaz, persistente, de una sociedad que reclama, con justa razón, constantemente, mejores niveles de bienestar. En ese sentido, las instituciones garantes de nuestra democracia se suman en un mismo esfuerzo que tiene un objetivo común: elevar la calidad democrática de nuestro Estado.

Eso nos lleva a un asunto de la mayor trascendencia: el respeto absoluto a la voluntad expresada por el pueblo en las urnas. Esa es la soberanía, la voluntad del pueblo que se sobrepone a los individualismos, y que a la vez, respeta las individualidades. Mientras que una soberanía se construye en los espacios de coincidencia, y define mecanismos de disenso en los campos donde las diferencias aparentan ser irreconciliables. En la democracia, por otro lado, realmente no existe ámbito que pueda ser irreconciliable, pues con diálogo respetuoso y con voluntad, toda diferencia puede llegar a puntos de entendimiento. Por esa senda podemos transitar por el bien de la democracia, por el camino del diálogo, el acuerdo y el ánimo incluyente.

En Nayarit, a cien años de haber asumido la categoría de Estado integrante de la Federación, hemos logrado consolidar ámbitos de esfuerzo compartido. La democracia en la que hemos logrado avanzar es la democracia de la unidad fundamental, esa unidad en la que los diferentes saben deliberar, saben mostrar sus disensos de manera respetuosa y claramente comprometida con sus convicciones. Hace cien años eso apenas se encontraba en turbulenta génesis que nos costó dos cosas de cardinal importancia: vidas y tiempo. Por eso, los sacrificios de ayer, son las responsabilidades de hoy.

Vemos que las instituciones se han transformado, se han consolidado. Eso no significa que la historia haya concluido. La historia de las instituciones democráticas es una historia sin fin. El esfuerzo por edificar mejores instituciones democráticas igualmente es una tarea que no concluye. Falta mucho por hacer y eso lo sabemos todos, y más cuando analizamos con frialdad las cifras que nos muestran la confianza y desconfianza ciudadana.

Los Partidos Políticos y sus candidatos, los Candidatos y Candidatas Independientes, los organismos electorales, todos y cada uno de los electores, cada cual tiene un papel que desempeñar en esta gesta democrática del Centenario. Los Partidos Políticos están llamados a reforzar aún más la calidad democrática en su vida interna; quienes aspiren al registro de una Candidatura Independiente, deben poner lo mejor de su parte para ofrecer las mejores propuestas y elevar la calidad del debate y de la contienda.

En la competencia se encuentra un elevado potencial para el desarrollo. La competencia obliga a los participantes a realizar su mejor esfuerzo, obliga a los actores a proponer las mejores soluciones a cada uno de los problemas que afectan a la gente en su vida cotidiana, en sus aspiraciones y en sus proyectos de vida. La competencia es una excelente vía para lograr que surjan las mejores propuestas, obliga a los contendientes a un esfuerzo adicional que se traduzca en bienestar para la población: con la competencia la sociedad entera sale ganando.

Llegar a este punto de la historia no ha sido tarea sencilla. El esfuerzo de la sociedad, en cuanto exigencia y reclamo, se ha traducido en notables avances que han debido sortear grandes retos. Durante los primeros años de ese Nayarit que fue elevado a la categoría de Estado de la Federación, la inestabilidad, los conflictos fratricidas, gobiernos interinos o provisionales fueron parte de la vida cotidiana. Luego vinieron tiempos de relativa estabilidad que llevó a algunos a sucumbir ante las tentaciones transexenales que para fortuna de los nayaritas, no prosperaron.

Muchas interpretaciones puede tener esa historia centenaria, pero podemos coincidir en una realidad de la que existen evidencias históricas: a pesar de las turbulencias, a pesar de los avatares, frente a la complejidad de un proceso histórico caracterizado por el surgimiento y consolidación de las instituciones políticas, Nayarit logró forjar importantes avances institucionales. Ahí están las instituciones educativas como la Universidad Autónoma de Nayarit, el Instituto Tecnológico, las Universidades Tecnológicas, la amplia cobertura lograda en el nivel básico, el despliegue de las mejores manifestaciones humanas en el campo de la ciencia y las humanidades.

Con todo el orgullo que nos debe causar, los nayaritas tenemos nombres que son a la vez blindaje y blasón que hacen irradiar luz propia a nuestra entidad. Son los nombres de mujeres como Rosa Navarro Flores en Compostela, el de Aurora Jiménez Palacios, de Tecuala, primera legisladora federal en México. Me refiero también a Marina Núñez Guzmán, Primera Diputada Federal por Nayarit y a la profesora María Isabel Herrera Lara, Primera Diputada Local. Naturalmente, no podemos dejar de citar nombres como el de la profesora Ramona Ceceña Hernández, nayarita por adopción y por obra; ni podemos dejar de mencionar el nombre de doña Soledad Salas Galicia.

El nombre de Emilia Ortiz Pérez va de la mano con el nacimiento de Nayarit en su categoría de Estado, pues ella nace el 10 de febrero de 1917.

Otros nombres son los de Francisco Severo Maldonado, Vicente Ortigosa de los Ríos, Crispín Durán Zamorano, Alejandro Gascón Mercado, Julián Gascón Mercado, Luis Ernesto Miramontes Cárdenas, Ernesto Flores Flores, Alí Chumacero, Néstor Chávez, Héctor Gamboa, Vladimir Cora y, naturalmente, el nombre universal en la mente de todos los nayaritas: Amado Nervo.

Entre la leyenda y la historia nos encontramos con el Indio Mariano, aquél conocido como “Máscara de Oro”; con el heroico Juan Escutia, y con Manuel Lozada, “El Tigre de Álica”.

Es una constelación de nombres que prueban que, en Nayarit, no existen esas “nulidades inmaculadas” a las que se refería el de San José de Gracia. Contra todas las adversidades imaginables, las habidas y otras por haber, la sociedad nayarita ha logrado mostrar talento, creatividad, voluntad para construir un futuro común en el que todos logren su espacio vital, su fuente de oportunidades.

Hace cien años Nayarit emerge en la historia de un país que salía de un torbellino político del que fuimos consecuencia. Su historia como sociedad, como región, ya había empezado a escribirse desde tiempos inmemoriales. Por esa razón, la evidencia de sus luchas también se remonta a tiempos anteriores a 1917, muy anteriores a la determinación de don Venustiano Carranza y del Constituyente. Nuestro estado, Nayarit, en ningún momento se ha mostrado complaciente de una condición idílica inexistente. Los nayaritas, nunca hemos sido conformistas: ni antes de la Conquista, ni durante la Colonia, ni durante la fase Independentista, tampoco durante la etapa de Reforma, menos en los tiempos del Porfiriato, y tampoco durante la Revolución.

Sin queja y sin pausa, contra todo tipo de obstáculo imaginable, la sociedad nayarita se ha impuesto con su talento, con su esfuerzo tenaz y con persistencia. Lo ha hecho en esa misma cultura, la del esfuerzo, la del trabajo comprometido, es donde todos nos encontramos, con nuestras enriquecedoras diferencias, con acuerdos y desacuerdos, pero siempre con respeto, con ánimo incluyente, con tolerancia y talante contemporizador.

En 1910, al inicio de la Gesta Revolucionaria, Nayarit contaba con poco más de 171 mil habitantes. Para 1921, cuatro años después de concluida la confrontación armada, Nayarit contaba con poco más de 163 mil personas. Esa es una evidencia del sacrificio de los nayaritas durante esa heroica saga. No obstante, ese sacrificio no resultó en vano: un viejo reclamo decimonónico, el del reconocimiento como parte del Pacto Federal con la categoría de Estado, se logró y eso quedó plasmado en 1917, en el artículo 47 de nuestra Ley Fundamental.

En 1917 entra a la escena Nayarit y da inicio una centenaria historia que hoy se manifiesta en parte, en esta Sesión del Consejo Local Electoral, en un organismo muy diferente de lo que la historia registra en la materia, hace ya cien años. Estamos hoy sesionando para realizar como Sociedad y Gobierno, lo que fue un proyecto y hoy es una responsabilidad de todos: la expresión pura y llana, de la Soberanía Popular, de la voluntad que el pueblo expresa en las urnas, en su diversidad, en su meridiana y enriquecedora pluralidad.

No es una temeridad hablar de una sociedad que nunca ha dejado lugar para expresiones unívocas. La pluralidad hoy se reconoce no solamente como parte de lo que nos hace diferentes entre nosotros, sino como fuente inagotable de competencia, de búsqueda permanente por las mejores respuestas a complejas interrogantes.

Quizá la peor de las perversiones que nos aleja de la democracia sea la demagogia. Por eso la importancia de la participación de los ciudadanos, de ahí la importancia de la deliberación pública en torno a los asuntos públicos. Participación libre y razonada de los ciudadanos en los procesos electorales, es el mejor instrumento contra la demagogia. De ahí la importancia del llamado para que todos acudamos a las urnas en las elecciones del 4 de junio, las Elecciones del Centenario.

Todos estamos obligados a mostrar altura de miras, a dejar clara evidencia de la voluntad de diálogo, de vocación democrática. Esta fecha puede marcar un punto de inflexión. Eso dependerá de nosotros, de todos, de los partidos, de los organismos electorales, de cada ciudadano, de quienes logren registro con candidaturas independientes.

Esta es la Elección del Centenario. Es nuestra oportunidad para mostrar los avances que se han registrado durante todo un siglo, y a la vez, deberemos registrar los indicadores que nos muestran las dimensiones de los desafíos del futuro.

A cien años de haber obtenido la categoría de Estado, los nayaritas debemos mostrar la calidad de nuestra democracia. Debemos mostrar la calidad de cada uno de sus protagonistas, pues la democracia no puede ser sino de la misma estatura que la de sus actores. El diálogo respetuoso y la voluntad para construir acuerdos es lo que puede hacer de la pluralidad motor que impulse el desarrollo.

Esta es una práctica democrática. Una práctica democrática es el ejercicio al que todo ciudadano tiene derecho, el de votar. Un ejercicio que sublima valores esenciales de la condición humana:

  • Tolerancia, que implica reconocer el derecho de los demás;
  • Diálogo, que significa privilegiar el razonamiento en lugar de un enfrentamiento estéril;
  • Pluralidad, equilibrio entre consenso y disenso, que significa unidad en la diversidad;
  • Ánimo incluyente, que se debe traducir en el reconocimiento de la calidad de los diferentes;
  • Talante contemporizador, que abone en la construcción de un clima de concordia;
  • Acuerdos, para que se logre avanzar en el terreno de los hechos, para privilegiar la razón práctica.

Todos ellos son códigos esenciales de la vida democrática.

Estos códigos son útiles para probar nuestra calidad democrática, nuestra voluntad política y nuestra vocación por el desarrollo justo, en el que todos puedan ejercer sus derechos.

Los cien años de nuestra historia no deben ser condenados a la desmemoria. La historia debemos conocerla, reconocerla, pensarla, analizarla, evaluarla; hacerlo para conocernos, para reconocernos, para pensarnos, para analizarnos, para evaluarnos.

Señoras y Señores: esta es la Elección del Centenario:

Este ejercicio puede definir lo que sigue para Nayarit en la siguiente centuria. No es poca la responsabilidad que carga la sociedad actual. Venzamos pues, abulia o recelo y mostremos altura de miras.

No estamos ante unas simples elecciones. Frente a nosotros está la responsabilidad del bienestar de las futuras generaciones. Demostremos ser dignos de nuestros desafíos.

¡Mostremos la calidad democrática de cada uno de nosotros!. Hagámoslo para honrar el pasado. Hagámoslo para bien de nuestra realidad presente. ¡Hagámoslo para bien de Nayarit y para bien del futuro de todos!

SEÑORAS Y SEÑORES:

¡VIVA LA DEMOCRACIA!

¡Gracias!

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